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domingo, 11 de junio de 2017

La experiencia musical y su diálogo con la neurociencia

«La música se ubica sola frente a las demás artes… No expresa ninguna definitiva o particular alegría, tristeza, angustia, horror, deleite o sensación de paz, sino alegría, tristeza, angustia, horror, deleite o sensación de paz en sí mismas, en lo abstracto, en su natural esencia, sin accesorios y por ello sin sus motivos usuales. Y sin embargo nos permite aprehenderlas y compartirlas plenamente en su quintaesencia.» 
Arthur Schopenhauer 


El pasado miércoles 7 de Junio Guglielmo Foffani nos invitó a su casa con motivo de la reunión de despedida previa al verano del Grupo de Investigación en Neurociencia Clínica de Madrid (GINC-MAD). Tras presentarse formalmente (es ingeniero biomédico y trabaja en el CiNAC) nos explicó a grandes rasgos su trayectoria musical desde sus inicios como estudiante de música clásica pasando posteriormente por el estudio del jazz y, en la actualidad, como concertista de piano de improvisación en su propia casa. Nos invitó a experimentar un concierto de piano improvisado y a participar luego en un rico debate sobre las relaciones entre música y neurociencia, y sobre las posibilidades terapéuticas de esta.

Foffani creó una atmósfera en la que el input visual se redujese al máximo y poder así concentrar la atención en la música (se sabe que si se pierde el estímulo visual se produce una amplia reorganización y relocalización en el córtex cerebral, como ocurre con la reorganización auditiva y táctil que tiene lugar en los invidentes).
La improvisación transcurrió con una estructura en “capas de cebolla” como Foffani describió. Respecto a dicha estructura un espectador realizó un símil curioso: para él la pieza improvisada podría ser a pequeña escala como “la historia de una vida”.

La música es direccional y se manifiesta respecto a la expectativa de movimiento, entre anhelo y resolución, por lo que tiene una cierta narratividad en el sentido de que cuenta algo que no se puede expresar sino en forma de imágenes visuales, táctiles y eventualmente en términos emocionales”.
Diego Fisherman



En el debate surgieron muchas interesantes ideas y verbalizaciones acerca de lo que allí había sucedido, cada oyente tenía su forma de “estructurar” la pieza y de generar una abstracción lingüística sobre ella (parecía que algunas partes eran más clásicas, otras más jazz…). Algunos fragmentos evocaban la “tormenta” y había una parte final de “vuelta a la normalidad” o de “vuelta a lo cotidiano”. La experiencia subjetiva de cada oyente era muy variada (había personas que veían una bailarina haciendo una performance acorde con la música, otros aludían a reminiscencias infantiles, otros comentaban la sensación de fiereza que le transmitían algunas partes sin un claro correlato visual, etc). Comentamos la clásica distinción entre los tiempos rápidos que causan alegría las claves menores y los tiempos lentos que asemejan tristeza o que la disonancia produciría ansiedad y miedo.

Es cierto que hay piezas musicales tremendamente evocativas y otras que generan esa denominada sensación de desasosiego o de angustia pero la relación bidireccional entre música y lenguaje/emoción es muy compleja. La música, como el lenguaje, es sintáctica y está formada por diversos elementos organizados jerárquicamente (tonos, intervalos y acordes).Música y lenguaje tienen representaciones corticales diferentes pero durante el procesamiento sintáctico musical se activa el área de Broca y su homóloga en el hemisferio derecho. Aun así, nos encontramos casos de afásicos sin amusia (Oliver Sacks hacía a sus pacientes afásicos de broca cantar el cumpleaños feliz y describe que casi todos podían cantar la melodía y la mitad también podrían acompañar la melodía con la letra) y casos de amusia adquirida o congénita sin alteración del lenguaje asociada. Se ha propuesto que se trata de un solapamiento en áreas de procesamiento sintáctico, áreas separadas de la representación sintáctica, que sería diferente en lenguaje y música.

Este tema fue abordado por Jakendoff en 1983, quien propone una estructura gramatical de la música (gramática-M), la cual, siguiendo un conjunto de reglas inconscientes, permite al oyente entender conscientemente la pieza. Diana Rafmann añade que tenemos experiencias musicales de tipo emocional porque los sonidos organizados generan precisamente estas representaciones de gramática-M y que el significado de una pieza musical consiste en las emociones que resultan de la recuperación consciente de esas estructuras constitutivas de la pieza escuchada. Dado que las emociones musicales no se pueden poner fácilmente en palabras ni tienen por ello un contenido proposicional preciso, deben ser consideradas representaciones conscientes no proposicionales; no formas sino análogos de la semántica del lenguaje verbal. Estas emociones (alegría, ira, miedo) no podrían constituir la semántica de la música puesto que éstas se desencadenan frente a estímulos relevantes y específicos mientras que las emociones musicales no se producen por estímulos naturales ni inducen respuestas conductuales adaptativas.

Existen diversas teorías que intentan explicar cómo nuestro cerebro procesa las emociones asociadas a la música. Como se ha mencionado previamente, la música constituye un tipo de lenguaje aunque las emociones que produce no puedan ser definidas en cuanto a sus contenidos y constituyan sencillamente sensaciones cualitativas o connotaciones, más que denotaciones o proposiciones. De tal manera se podrían distinguir dos aspectos: si el contenido proposicional es la característica psicológica central del lenguaje, la expresión y creación de emociones y figuraciones serían el elemento psicológico central de la música instrumental. Lo que se desconoce es cómo la música evoca los efectos emocionales que desata en ausencia de contenido proposicional. Se ha propuesto que la fuente de la emoción musical podría desencadenarse del suspenso tirante de la música que surge de expectativas o anticipaciones frustradas y colmadas por ella. Con la intención de comprobar este hecho Sloboda realizó un experimento recomponiendo las Corales de Bach y concluye que efectivamente los eventos armónicamente inesperados desencadenarían respuestas emocionales, y sería discutible si estas transgresiones musicales podrían traducirse también en un incremento en el arousal psicológico.

Figura 2. Estructuras implicadas en el procesamiento emocional de la música
Por último, discutimos el valor terapéutico de la música. La musicoterapia tiene diversas aplicaciones en el terreno neurológico y psiquiátrico. Probablemente uno de sus mayores hándicaps sea la ausencia de una metodología sistematizada y la falta de evidencia dentro de la disciplina.
Respecto al propio valor terapéutico de la música parecen distinguirse dos papeles muy diferenciados, a saber, el de sujeto pasivo que escucha música y sujeto que crea o interpreta música. En el campo de la Musicoterapia, durante la improvisación musical el paciente crea música de forma espontánea, solo o junto al musicoterapeuta, sin la necesidad de un entrenamiento musical. En la improvisación musical todo el cuerpo se utiliza para expresar intenciones, emociones, recuerdos, lo cual la define como un medio especial de autoexpresión capaz activar numerosas áreas cerebrales. Varios estudios han investigado los sustratos neuronales implicados en la improvisación musical existiendo una amplia actividad neuronal en la generación de estructuras musicales nuevas, entre las que se incluyeron regiones de la corteza prefrontal, dorsolateral y dorsomedial, giro frontal inferior, corteza cingular anterior, áreas de asociación parietal, áreas motoras suplementarias y región premotora lateral.


Figura 3. Áreas cerebrales implicadas en la improvisación musical.

Se han demostrado los beneficios de la musicoterapia en personas con afasia, Enfermedad de Parkinson y otros trastornos de movimiento, técnicas de estimulación rítmica para rehabilitación motora, en el trastorno Generalizado del Desarrollo, la Esquizofrenia, la Demencia y la Depresión, entre otras.

Desde el punto de vista neurológico, cabría destacar el papel de la rehabilitación de los afásicos a través de la música. Se sabe que los niños pueden recuperar el lenguaje tras una resección del hemisferio izquierdo del puesto que la nueva capacidad lingüística es capaz de asentar en el hemisferio derecho por completo. Inicialmente se pensó que ocurriría lo mismo dentro de la rehabilitación de los afásicos, pero lo que realmente se observó mediante neuroimagen funcional es que en los pacientes afásicos existía una hiperactividad de la que antes nos referimos como área de Broca en el hemisferio derecho. Dicha hiperactividad produciría una inhibición del área de Broca del hemisferio izquierdo. La manera de conseguir que un afásico volviese a hablar era eliminar esa inhibición además de reforzar el desarrollo del área de Broca originalmente dañada y esto es lo que consigue la terapia mediante el canto y la entonación musical (también se han descrito estudios mediante el uso de terapia magnética transcraneal a ese mismo respecto).

Oliver Sacks en sus libros ha profundizado mucho en la terapia musical en pacientes con trastornos del movimiento, en concreto en pacientes con Tourette.

Resumen elaborado por Paula Pire

BIBLIOGRAFÍA

  1. Soria-Urios G, Duque P, García- Moreno JM. Música y cerebro: fundamentos neurocientíficos y trastornos musicales. Rev Neurol 2011; 52: 45-55.
  2. Steinbeis N, Koelsch S, Sloboda JA. Emotional processing of harmonic expectancy violations. Ann N Y Acad Sci. 2005;1060:457–61.
  3. Abrahan VD, Abrahan VD. Improvisacion musical desde la perspectiva de las. 2013;0–76.
  4. Díaz JL. Música, lenguaje y emoción :una aproximación cerebral. Salud Ment. 2010;33(6):543–51.
  5. Sacks O. Musicophilia. Tales of Music and the brain. Original. Knof AA, editor. New York; 2007. 459 p.
  6. Peretz I, Gosselin N, Belin P, Zatorre RJ, Plailly J, Tillmann B. Music lexical networks: The cortical organization of music recognition. Ann N Y Acad Sci. 2009;1169:256–65.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Sobre la sinestesia

Si la creatividad tenía que ver en parte con la capacidad para producir soluciones novedosas o puntos de vista alternativos frente a los desafíos del entorno, este mes de noviembre la investigadora Helena Melero nos invitó a conocer una de las formas más inesperadas y estimulantes de creatividad: la sinestesia.

Helena Melero Carrasco
synlabmadrid[at]gmail.com
La sinestesia sería aquella variante no patológica de la percepción humana por la cual un estímulo sensorial o cognitivo (inductor) da pie a la aparición de un percepto sensorial o cognitivo adicional (concurrente)”.

Un ejemplo basado en la propia experiencia de Helena (quien hace años descubrió que era sinestésica) sería que, al leer la letra A, automáticamente la visualiza de color rojo.
No se trata de que “se entremezclen” los sentidos, sino que una cualidad se añade a la que esperaría recibir la mayor parte de las personas.

Este fenómeno no sería algo completamente ajeno a la experiencia de cualquiera. De hecho, existen para todos nosotros lo que se denominan relaciones intermodales universales, sutiles correspondencias entre modalidades sensoriales que revelan un “cableado” cerebral común. Estas relaciones intermodales se manifestarían, por ejemplo, a través de correspondencias lingüísticas (un color chillón) o en fenómenos como el conocido como efecto Bouba y Kiki (Nielsen & Rendall, 2013).

Al hablar de sinestesias congénitas nos estaríamos refiriendo a asociaciones que comparten las siguientes características (Cytownic & Eagleman, 2009):

· El inductor es un percepto simple
· El concurrente se percibe de forma automática e involuntaria
· La experencia tiene un componente emocional intrínseco
· La asociación sinestésica es estable e idiosincrásica

Esto nos permitiría diferenciar la sinestesia congénita de fenómenos de aprendizaje asociativo o de sinestesias adquiridas por medio de lesiones neurológicas (talámicas) o estados alterados de conciencia (intoxicaciones con LSD, entre otras).

Con todo y con esto, cada día se va sabiendo más acerca de la sinestesia, hasta el punto de que hoy se conocen más de 80 variedades, un número que no para de crecer.

Obra de la artista Melissa S. McCracken,
artista sinestésica quien en su web personal afirma: "I paint music".
En cuanto a la prevalencia, como suele ocurrir, al disponer de una definición operativa y pasar a convertirse en foco de interés, progresivamente va aumentando la cantidad de personas que afirman poseer algún grado de sinestesia. En el momento actual se estima que la frecuencia podría oscilar dentro de una horquilla de entre el 1-4% al 23% de la población general, presentándose en proporción similar entre hombres y mujeres.

De entre los sinestésicos, el 90 % serían del tipo asociador, percibiendo las sinestesias como representación interna, pero un 10% (los denominados proyectores) experimentarían la percepción sinestésica fuera del campo mental, es decir, percibirían el estímulo “como si” tuviera presencia en el mundo externo, lo cual arroja interesantes vínculos hacia la fenomenología alucinatoria.

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Tras la introducción fenomenológica Helena pasó a abundar en la evidencia empírica acumulada en torno al fenómeno sinestésico. Nos habló de las diferentes baterías de pruebas diseñadas para medir el fenómeno (Eagleman et al, 2007), o las ingeniosas variantes de la prueba de Stroop aplicadas a su estudio.

Un recorrido por los diferentes modelos explicativos nos brindó algunas certezas en torno a la sinestesia, pero también nos enfrentó a uno de los puntos principales de controversia: parece que hay agregación familiar, y por tanto un componente genético, pero ¿se manifiesta éste en una cuestión estructural o más bien funcional?

Ramachandran y su equipo propusieron que existía una activación cruzada por proximidad de las áreas cerebrales encargadas de procesar los grafemas, por un lado, y la categorización del color por otro. El modelo de retroalimentación desinhibida propondría la intervención de una tercera área funcional que mediaría en la aparición de dicha asociación. El modelo de hyperbinding señalaría a la región del surco intraparietal como clave en la asociación entre perceptos.

A medida que se han ido obteniendo resultados en estudios de neuroimagen estructural y funcional dichos modelos se han podido ir contrastando y refinando. Eso ha llevado a que, a día de hoy, se reconozca que existen diferencias significativas en ambos sentidos (morfológico y funcional) entre individuos neurotípicos y personas sinestésicas.

Además, los esfuerzos investigadores dirigidos a buscar una base neurobiológica común a las sinestesias de diferentes modalidades sensoriales, poco a poco van desvelando los vínculos con la función atencional, la integración multimodal y los componentes emocionales de la percepción (Emotional Binding Theory, Melero et Al, 2013 y Melero et Al, 2014)

Antes de dar paso al debate Helena nos ha avanzado algunas de las preguntas que actualmente dirigen los esfuerzos investigadores en este campo: ¿cuál es el papel del ambiente en el desarrollo de asociaciones específicas?, ¿somos todos sinestésicos al nacer?, ¿puede entrenarse la sinestesia?

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Otras cuestiones de interés que hemos abordado han querido desafiar la definición de sinestesia. Si entendemos la sinestesia como la expresión más acentuada de un fenómeno universal y continuo (una dimensión) como serían las relaciones intermodales, ¿no podrían existir casos de intensidad tal que supusieran una distorsión de la capacidad atencional o se vivieran como una patología bien desde el punto de vista del individuo, bien desde el entorno?

La cuestión del etiquetado social se ha desvelado, de nuevo, la piedra de toque a la hora de definir patológico o normal. Muchas veces el énfasis en la no patología tiene que ver con la necesidad de realizar pedagogía compensatoria ante la tendencia a la simplificación en los medios o en la cultura popular, que tiende a asociar infrecuente con patológico y común con sano. Esto nos mete de lleno en el creciente debate sobre la neurodiversidad y la necesidad de no estigmatizar lo infrecuente.

A medida que el fenómenos de la sinestesia se va conociendo y
divulgando en diferentes medios, se retroalimentan las
representaciones de algo difícilmente comprensible desde la empatía.
Por ejemplo, esta ilustración, con todo y siendo enormemente sugerente,
¿inquieta o aproxima?. ¿estigmatiza o normaliza?
Por otro lado nos hemos preguntado acerca de la presencia, en los estudios mencionados, de posibles variables psicológicas individuales que pudieran estar introduciendo sesgos o actuando a modo de factores de de confusión.

Hemos reflexionado también acerca de los sorprendentes paralelismos entre algunas de las experiencias descritas por los sinestésicos y el mundo de la fenomenología psicótica, especialmente en cuanto a las clásicas percepciones sin objeto o alucinaciones.

Y desde un punto de vista evolucionista nos hemos preguntado si la frecuencia de las asociaciones sinestésicas en determinadas modalidades sensoriales tendrá que ver con el peso relativo que dichas modalidades han tenido en la historia evolutiva de nuestra especie, teniendo en cuenta que la aparición del lenguaje verbal y musical se trata de un fenómeno reciente.

Enormemente estimulados por la reunión hemos sido invitados, al igual que nuestros lectores, a comprobar si somos o no sinestésicos, así como a hacer una inmersión en los diferentes foros y asociaciones de personas sinestésicas, por lo enriquecedor de muchas de sus descripciones en primera persona.



Si crees que puedes ser sinestéstic@, no dudes en contactar con synlabmadrid [at] gmail.com